EL PATRIMONIO EN LA DIDÁCTICA
DE LAS CIENCIAS SOCIALES: OBSTÁCULOS Y PROPUESTAS PARA SU TRATAMIENTO EN EL
AULA.
Jesús Estepa Giménez. Universidad de Huelva
Este artículo se publicó
en el nº 30 de IBER
En una reciente Tesis Doctoral
sobre la producción del conocimiento escolar en la clase de Historia
en la Educación Secundaria (Merchán, 2001) se ponen de manifiesto, entre otras
interesantes cuestiones, las contradicciones existentes entre las finalidades
que los profesores otorgan a la enseñanza de la Historia, la utilidad que le
asignan los alumnos y lo que en las prácticas de aula se hace para conseguir
tales objetivos. De tal trabajo de investigación
extraemos en referencia a este asunto el dato de que un 52% del profesorado
encuestado manifiesta que el objetivo principal de la enseñanza de la historia
es la comprensión del presente, sin embargo tan sólo un 11% de los alumnos de
4º de ESO entrevistados manifiestan que en efecto la clase de Historia les ha
servido para comprender el presente y , del análisis de las prácticas de aula,
se desprende que ni en las clases de Historia suele llegarse al presente, ni
éste se suele utilizar como fuente para la selección de los contenidos a trabajar
en el aula. Algo muy similar creemos que ocurre con la enseñanza del patrimonio:
la mayor parte del profesorado ve la conveniencia y utilidad de su inserción
en el curriculum y en la práctica de la enseñanza de las Ciencias Sociales,
pero son todavía muy escasas las experiencias didácticas que abordan el estudio
del patrimonio de una forma sistemática y tampoco los alumnos suelen conocer
los elementos patrimoniales ni implicarse en su defensa y conservación. En este
trabajo vamos a intentar concretar una propuesta didáctica sobre el patrimonio
a partir del análisis de algunas de las dificultades y limitaciones que pueden
impedir su tratamiento innovador en el medio educativo, en el que es muy necesario
una renovación de la enseñanza de la Geografía, Historia y otras Ciencias Sociales,
que no son en general disciplinas escolares atractivas para los alumnos, ni
facilitadoras de una formación que les permita comprender la realidad social
y participar en ella con una actitud crítica, solidaria y respetuosa con el
medio ambiente así como con otras culturas y formas de vida pasadas y presentes.
Obstáculos para una Didáctica del Patrimonio.
En los
trabajos que hemos realizado y estamos realizando observamos una serie de problemas
para el tratamiento del patrimonio en el aula, obstáculos de carácter epistemológico,
ideológico y metodológico, que a continuación analizamos brevemente.
En los materiales didácticos,
e incluso en la bibliografía especializada, en los diseños museográficos y en
los planteamientos museológicos, en las concepciones de muchos gestores del
patrimonio y, en el propio profesorado y alumnado, hemos detectado una visión
restrictiva del concepto de patrimonio que lo asimila casi exclusivamente a
los elementos monumentales, no valorándose o considerándose de segundo orden
el patrimonio etnológico y tecnológico, e, igualmente, que lo analiza e interpreta
con un marcado sesgo disciplinar, dificultando una visión integral del mismo.
Sin embargo, ya la UNESCO en su propuesta de definición de patrimonio ampliaba
el concepto cuando lo definía como “el legado que recibimos del pasado, lo que vivimos en el presente
y lo que transmitimos a las generaciones futuras”(véase Prats y Hernández, 1999).
En las últimas décadas, con las aportaciones de nuevas disciplinas como la Arqueología
Industrial y la reciente legislación patrimonial tanto internacional como de
nuestro Estado y Comunidad Autónoma se ha ido asumiendo esta ampliación del concepto,
de modo que no sólo los grandes monumentos o tesoros forman parte del patrimonio
histórico, sino también los pequeños edificios, el paisaje urbano, las máquinas,
muebles y otros enseres, las iglesias, los castillos, los documentos de los
archivos, los libros de las bibliotecas, los yacimientos arqueológicos, las
viejas costumbres y leyendas de nuestros antepasados más lejanos o cercanos
y las artesanías que elaboraban con sus manos. Además, empieza a desarrollarse
una corriente de pensamiento e investigación con una concepción más plural y
abierta del patrimonio que define como elementos patrimoniales los compuestos
tanto por la obra humana, nunca independiente
de la naturaleza, como por la obra de la naturaleza, nunca, en nuestra poblada
y vieja Europa, independiente de los seres humanos (Querol y Martínez, 1996).
Esta nueva perspectiva, integral y holística, al no hacer distinciones entre
patrimonio cultural y natural, permite el desarrollo de procesos de colaboración
docente e investigadora entre la Didáctica de las Ciencias Sociales y la Didáctica
de las Ciencias Experimentales por lo que, en coherencia con esta perspectiva
conceptual, en nuestro propio grupo de investigación ya hemos realizado algunos
trabajos sobre esta temática entre ambas áreas.
Esta nueva perspectiva conceptual
sobre el patrimonio va extendiéndose entre especialistas, didactas y profesores,
de modo que tal visión restrictiva en un futuro no muy lejano dejará de ser
un obstáculo para su tratamiento integral en el aula. No obstante, al ampliarse
el concepto, también aumentan el número de objetos patrimoniales y su diversidad,
lo que dificulta su conocimiento por el profesor y, por ende, su tratamiento
didáctico. Además este conjunto de elementos patrimoniales está en constante
renovación por los mitos e iconos contemporáneos. Todo ello también redunda
en el aumento de la complejidad del patrimonio, que integra con esta nueva perspectiva
objetos materiales e inmateriales y presenta un carácter cada vez más fragmentario
y disperso. Si en los museos y colecciones el patrimonio está unido, suele ser
recogiendo piezas que pueden proceder de diversos puntos y que, en todo caso,
están fuera de su contexto, por lo que se dificulta su interpretación y, por
tanto, su tratamiento didáctico. También contribuye a esta descontextualización
el cambio de uso que muchos de estos elementos patrimoniales han sufrido, perdiendo
el significado de la función para la que fueron creados.
Tampoco podemos obviar que,
a pesar de esta novedosa concepción holística, existen problemas específicos
para cada sector del patrimonio. Así, el patrimonio tecnológico suele ser rechazado
por el público y el alumnado porque no es “antiguo ni bonito”, aunque el objetivo
de su conservación no es que sea contemplado como una obra maestra, sino que
ayude a comprender mejor una parte de la historia social y económica de una
época y un país (Fernández , 1999). En cuanto al patrimonio etnológico, no suele
ser reconocido por los usuarios como un bien patrimonial, lo que resulta más
grave en el caso de actividades económicas y prácticas artesanales desaparecidas
por la revolución técnológica. En lo referente al patrimonio arquitectónico,
señala Hernández Martínez (1998) que, por un lado, la ciudad del siglo XX se
ha superpuesto a la ciudad histórica dificultando la percepción de la trama
urbana y, por otro, resulta difícil hacer valorar a los alumnos la importancia
global de la ciudad, ya que generalmente se sienten atraídos por un edificio
singular. En el caso del patrimonio arqueológico el mayor problema es la descontextualización,
ya que las piezas suelen mostrarse en los museos, fuera de su lugar de origen.
Sin embargo, existen experiencias, que aunque no sólo se han diseñado pensando
en alumnos, sino en la población en general, cumplen un papel importante en
la educación. Es el caso del acondicionamiento didáctico de diversos yacimientos
arqueológicos o museos, que mediante diseños escenográficos y un tratamiento
integral permiten una comprensión sistémica y compleja de las sociedades a todo
tipo de público.
En lo que respecta al acondicionamiento
didáctico de los yacimientos, es muy interesante la tipología que establece
Pérez- Juez (1999). En ella distingue como forma más simple la consolidación de estructuras y el vallado del
área. Es lo que más comúnmente se ha venido haciendo, y lo que tiene menos
aprovechamiento didáctico. Un segundo tipo sería la restauración de los edificios y restos mejor conservados y más representativos.
Una intervención más radical es la construcción del yacimiento, este es el caso del yacimiento ibérico
de Calafell en Tarragona (Santacana, 1997), donde se ha reconstruido el poblado
y en donde se imparten talleres de tejido, construcción de adobe, etc. El acceso
directo a las mismas actividades de hace dos mil años, difícilmente explicables
y comprensibles desde un punto de vista teórico, facilitan ese acercamiento
al mundo antiguo. También son interesantes en esta línea, las experiencias de
talleres de arqueología o la llamada arqueología
experimental, entre las que destacamos el Arqueódromo de Borgoña en Francia,
o el que se ha montado por el patronato Flor de Maig de la Diputación de Barcelona
mediante un convenio con la Universidad Autónoma de Barcelona, en ambos ejemplos
se profundiza en los métodos de excavación arqueológica a partir de la simulación
de una excavación. Si la reproducción de un yacimiento arqueológico se hace
duplicando exactamente el yacimiento original, estamos ante una réplica,
es el caso de Lascaux II en Dordoña o Altamira en Santillana del Mar. Finalmente,
un paso más en la búsqueda de métodos didácticos para yacimientos arqueológicos
son los parques de historia viviente
o recreaciones de historia: Williamsburg (Virginia), recreación de la vida en
los nacientes Estados Unidos; Plimoth Plantation (Massachusetts), recreación
de los lugares de reunión, viviendas y caracterización de personajes del Mayflower (Hernández, Pibernat
y Santacana, 1998).
También existen museos que
se han diseñado desde una perspectiva holística y atendiendo a las necesidades
del público en vez de a las de las disciplinas científicas de referencia. Con
este planteamiento didáctico, no se trata tanto de mostrar y explicar la pieza
en sí, sino el significado cultural del conjunto de elementos patrimoniales
que se exponen. Un ejemplo interesante sería el Museo de Historia de Cataluña
(Hernández, 1998).
Por otra parte, en relación
con el concepto de patrimonio, su definición, criterios y tipología, debe profundizarse
en la reflexión antropológica, sociológica y política, ya que para que un elemento
pueda ser considerado como patrimonial debe ser legitimado socialmente. En este
sentido, las razones implícitas que sirven para seleccionar un determinado repertorio
patrimonial están dominadas, casi siempre, por la función de legitimar simbólicamente
los discursos de identidad. La actuación sobre el patrimonio no es, pues, aséptica
ni algo en manos de expertos y técnicos, pese a la gran importancia de estos,
sino parte de una política que pretende expresar los rasgos identitarios de
acuerdo con una determinada visión de la realidad (Prats y Hernández, 1999).
Es esta cuestión de la identidad una problemática muy sometida al debate y la
controversia, por su fuerte carga ideológica, como pudo apreciarse en gran parte
de los trabajos presentados al XII Simposio de Didáctica de las Ciencias Sociales
(Estepa, Friera y Piñeiro, 2001), por lo que es conveniente ser críticos con
ciertas revitalizaciones desde la esfera política de algunas de sus manifestaciones
que estimamos manipuladora, por potenciar discursos de identidad basados en
una valoración excesiva de lo propio y diferente. Estas manipulaciones ideológicas,
son las que pueden convertirse en un obstáculo para la Didáctica del Patrimonio
si no se desvelan a través de actividades de enseñanza-aprendizaje que estimulen
en el alumnado una actitud crítica y reflexiva (Estepa, Domínguez y Cuenca,
1998).
Otro problema para el tratamiento del
patrimonio en el aula es la pervivencia de su consideración elitista, limitada a intelectuales, eruditos e investigadores,
que se dedican a su estudio, conservación, protección y valoración. Hasta hace
poco más de una década, la mayor parte de la sociedad se ha visto excluida de
la participación directa en nuestro patrimonio. Sólo se permitía la visita a
museos, apoyada por carteles y folletos que carecían de un planteamiento didáctico,
y la visita a yacimientos quedaba normalmente restringida a los especialistas
mientras duraran los estudios. Esta concepción ha ido cambiando tanto por los
motivos disciplinares y legislativos antes indicados, como por la extensión
de la llamada civilización del ocio, en la que el turismo cultural está adquiriendo
una importancia creciente proporcionando una rentabilidad económica directa
o indirecta. El bien patrimonial, por tanto, se inscribe en un circuito de consumo,
cuyo éxito se basa en conseguir el máximo número posible de visitantes. La expansión
de este turismo ha ocasionado que el conocimiento y disfrute del patrimonio
se haya ampliado a otros sectores de la población, lo que ha supuesto una nueva
orientación tanto en la investigación sobre el propio patrimonio como de las
estrategias para su conservación, difusión y tratamiento didáctico, si bien
existe el peligro de que esta nueva orientación refuerce imágenes tópicas y
estereotipadas del patrimonio, si únicamente se rige por criterios de pura rentabilidad
económica.
A estas limitaciones y dificultades,
habría que añadir la valoración del patrimonio como un lastre para el desarrollo
económico, bien porque su conservación pueda aparecer como un obstáculo para
la modernización urbanística o pueda impedir la ejecución de algún gran proyecto
de ingeniería o comunicaciones (pantano, autovía, aeropuerto). Sin duda esta
concepción del patrimonio ha estado muy presente en los políticos y gestores,
así como entre los empresarios de la construcción y un importante sector de
la población, por lo que puede estar arraigada también entre el alumnado. Es,
pues, una concepción simplista sobre las interacciones no lineales entre patrimonio-economía-sociedad,
que debe hacerse evolucionar hacia visiones más complejas y multicausales para
una correcta interpretación.
Otro obstáculo se refiere
al patrimonio documental y al archivo como institución que lo custodia, ya que,
en general, son muy escasas las alusiones a este tipo de patrimonio, su conservación, difusión y utilización didáctica,
cuando en definitiva es el que posibilita en gran manera la reconstrucción de
nuestro pasado. El patrimonio documental como fuente de nuestra memoria histórica
no permite una lectura fácil para el ciudadano medio y el escolar, además no
goza del atractivo estético o ambiental de otros elementos patrimoniales, sin
embargo, la riqueza y valoración de este patrimonio no debe ser
ignorada. Cuando los archivos se plantean labores no sólo de conservación
y ordenación, sino también de difusión, y el profesorado tiene formación e información
en relación con el patrimonio documental, se
han podido llevar a cabo experiencias didácticas que han facilitado en
el alumnado aprendizajes de tipo conceptual, procedimental y actitudinal en
relación con el mismo muy enriquecedoras
(véase Estepa, Rey de las Peñas y Villalobos, 1993; Ponce, 1998). En todo caso,
se trata de experiencias puntuales y casi anecdóticas que no permiten sacar
al patrimonio documental de su condición marginal y limitada al estudio de investigadores
e intelectuales, y asimismo adolece especialmente de estrategias para su tratamiento
didáctico.
Hay otro obstáculo de carácter
metodológico que no podemos obviar para un tratamiento didáctico del patrimonio,
las salidas fuera del aula. Para analizar e interpretar el significado de muchos
de los elementos patrimoniales es necesario el contacto directo, la visita al
lugar y, aunque desde una perspectiva didáctica no cabe duda que este es un
recurso que puede contribuir a romper con la rutina y monotonía escolar, también
es cierto que cualquier salida escolar supone un esfuerzo adicional del profesorado
para su organización y planificación curricular, así como una mayor responsabilidad
laboral por el propio cuidado del alumno e incluso una ruptura coyuntural de
la organización escolar del centro, todo ello va a limitar en muchas ocasiones
el número de estas salidas así como el tratamiento didáctico del patrimonio
para evitarlas.
En relación con este último
aspecto, otra limitación es la propia formación del profesorado, tanto inicial
como permanente. No hay ninguna atención a la didáctica del patrimonio ni a
la formación de competencias profesionales en relación con su enseñanza. En
las distintas especialidades de la titulación de maestro no suele existir ninguna
asignatura específica , y en el CAP, todavía la única de vía de formación inicial
del profesorado de secundaria existente en Andalucía, tampoco. En cuanto a la
formación permanente, cuando se imparte algún curso sobre esta temática, suele
hacerse no desde una perspectiva integradora de todos los elementos patrimoniales,
sino por un especialista en algunas de las disciplinas que investigan sobre
las distintas modalidades patrimoniales.
Para terminar con estas consideraciones
sobre los obstáculos para el desarrollo de una Didáctica del Patrimonio, es
necesario llamar la atención en cuanto a la escasa investigación publicada sobre
el tratamiento didáctico del patrimonio en el aula. Esta investigación debería centrarse en los tres elementos
básicos que intervienen en el proceso educativo: el profesor, los contenidos
de su formación inicial y permanente, sus concepciones sobre el patrimonio y
sus prácticas de enseñanza en relación con el mismo, en suma, su conocimiento
profesional sobre lo que debe saber y saber hacer en relación con la enseñanza
del patrimonio; el curriculum oficial, que orienta sobre la valoración y el
enfoque que debe darse al patrimonio
en el ámbito educativo, así como los materiales curriculares y libros de texto,
que conforman en gran parte las prácticas del profesorado al ser utilizados
como instrumentos básicos en el desarrollo de las actividades de enseñanza-aprendizaje;
finalmente, un tercer núcleo de investigación
debe ser el alumno, y en especial sus concepciones y percepciones, ya que
los niños, los jóvenes, e incluso los adultos, no ven en los elementos patrimoniales
lo que el especialista o el profesor ve. Lo que los alumnos ven en la realidad
depende de sus experiencias previas, del tipo de conceptos que han adquirido.
De este modo, por ejemplo, la percepción del espacio arqueológico presenta las
dificultades propias de la percepción espacial y las añadidas de la contextualización
de las ruinas. Por ello, para tener un conocimiento del pasado, ha de ser posible
tener imágenes de la vida real y concreta de ese pasado. En ese sentido la Didáctica
del Patrimonio debe investigar el diseño de imágenes fidedignas, impresionistas,
de fuerza, comprensibles, que den pistas para conocer y que dejen intuir, es
lo que se ha denominado imágenes y paisajes virtuales (Hernández, 2000).
Hacia
una Didáctica del Patrimonio Cultural.
Estos obstáculos y limitaciones,
deben ser tenidos en cuenta tanto en la formación del profesorado como en la
formulación de propuestas didácticas acerca del patrimonio, sin embargo no creemos
que impidan su tratamiento en el aula. En este sentido, esbozamos a continuación
una propuesta didáctica que estamos desarrollando e investigando para intentar
superar algunos de estos obstáculos.
Desde
nuestra perspectiva, la didáctica del patrimonio no tiene como finalidad directa
el conocimiento de los elementos patrimoniales, ni el patrimonio debe
ser un nuevo contenido a añadir a la asignatura de Conocimiento del Medio de
Educación Primaria o de Ciencias Sociales, Geografía e Historia de la ESO, ni
un motivo para llevar a cabo salidas extraescolares que puedan hacer más atractivas
estas asignaturas para los alumnos, sino
que debe integrarse
en el curriculum, y en particular en la enseñanza de las Ciencias Sociales,
para permitir una mejor comprensión de la
realidad social. No cabe duda que este proceso de integración didáctica
del patrimonio como conocimiento escolar se llevará a cabo de distinta manera
según la perspectiva que se adopte en relación con la epistemología de este
tipo de conocimiento, en este sentido compartimos en gran parte las reflexiones
e investigaciones que sobre el conocimiento escolar se han hecho desde el Proyecto
Curricular IRES (Grupo de Investigación en la Escuela, 1991). Sin embargo, el
contenido y construcción de este conocimiento ha sido asimilado con frecuencia
en la bibliografía especializada sobre patrimonio con el de la difusión/divulgación
a todo tipo de público, como los museos o los centros de interpretación. Existen,
no obstante, diferencias significativas entre didáctica y divulgación e igualmente,
conviene no olvidar, como afirma Asensio (1999), que el aula y los centros de
interpretación patrimonial son dos ámbitos de aprendizaje e instrucción diferentes,
uno formal y otro informal, con diferencias no sólo de matiz, por lo que no
son subsumibles, de modo que mientras que las didácticas de aprendizaje formal
emplean un marco constructivista, las didácticas de aprendizaje informal utilizan
un marco más amplio, no necesaria y exclusivamente constructivista.
La finalidad básica de esta
didáctica debe ser facilitar una mejor comprensión al alumnado de las sociedades
históricas y del presente. Los elementos patrimoniales (edificios, mobiliario,
enseres, documentos escritos, máquinas, etc.) constituyen un legado material
que permite una reconstrucción del pasado más tangible y concreta. Esta recuperación
del pasado a través del patrimonio debe facilitar además, para que tenga una
finalidad educativa, y no meramente erudita, académica o culturalista, la comprensión
crítica de nuestro presente, al permitir la interpretación del significado de
tales vestigios en la actualidad. Es decir, debe ayudar a entender las sociedades
actuales en un proceso de evolución histórica, proceso del que el patrimonio
constituye una herencia que nos vincula con nuestras raíces culturales y tradiciones,
permitiendo apreciar los cambios y permanencias en modos de vida, mentalidades,
gustos estéticos, organización política, económica y social.
Junto a estas finalidades,
constituye el Qué enseñar de esta didáctica los elementos patrimoniales histórico-artísticos,
las tradiciones y costumbres y los elementos del patrimonio tecnológico y natural,
es decir, todo aquello que han producido las diversas sociedades lleven o no
en sí un intento conmemorativo o de permanencia para el futuro. Sin embargo,
como afirma Hernández Martínez (1998), no se trata de separar el patrimonio
de la historia o del arte, y, por extensión, de la naturaleza o los conocimientos
tecnológicos, sino de enfocar estos contenidos con un tratamiento patrimonial,
ya que precisamente el testimonio directo de estas épocas pasadas son los objetos
que integran el patrimonio.
Estamos, pues, ante productos
sociales que se constituyen en fuentes para la construcción de la Historia pero
que, desde nuestra perspectiva, tienen aun más valor como elementos tangibles
que permiten al alumnado un acercamiento más directo al tiempo histórico, al
cambio y las permanencias de las sociedades. Además, como señala Mattozzi (2001),
los bienes culturales forman parte de sistemas, y la comprensión de su significado
y valor se incrementa cuando cada uno de los objetos se vincula con otros en
relaciones de sincronía, diacronía, génesis, derivación, analogía o diferencia,
asumiendo la Didáctica del Patrimonio esta dimensión sistémica para producir
procesos de comprensión de los sistemas a los cuales pertenecen los bienes objeto
de estudio.
Es necesario, pues, que el
alumnado pueda aprender a través del conocimiento de los elementos patrimoniales
tanto los conceptos que se utilizan en los estudios sobre la sociedades del
pasado y del presente (feudalismo, capitalismo, monarquía absoluta, revolución,
estilo artístico, etc.), como los procedimientos de análisis e interpretación
que se usan para describir y explicar el funcionamiento y organización de las
sociedades (identificación, uso y proceso de fuentes; aplicación de categorías
temporales y de tiempo histórico; utilización de la empatía, etc.) e igualmente
los valores y actitudes que se pretenden construir a través de la enseñanza
de las Ciencias Sociales como la identidad individual y cultural, actitudes
de valoración y respeto hacia las diversas formas de vida y culturas o la
preservación del medio ambiente, del que forma parte el propio patrimonio.
En cuanto al Cómo enseñar, entendemos que una primera
pauta metodológica debe ser la de propiciar el contacto directo del alumnado
con los elementos patrimoniales, si bien éste no genera por sí mismo aprendizaje,
ya que la experiencia personal es el mejor modo de fomentar el cambio de actitud
del alumno. Es necesario, además, el desarrollo de actividades que procuren
la implicación efectiva del alumno en la tutela del patrimonio, ya que es deber
de todos su defensa y conservación. Hay, finalmente, una tercera pauta metodológica
que consideramos fundamental: las actividades que se diseñen o se realicen por
el profesorado deben procurar la contextualización espacial y temporal del patrimonio,
intentando que se localicen en el espacio original y que presenten el elemento
patrimonial en relación con la sociedad que lo produce así como con la sociedad
que lo custodia o exhibe.
Junto a esta contextualización,
es necesario desarrollar una metodología en el proceso de enseñanza-aprendizaje
en la que el alumnado sea algo más que un mero espectador o receptor, implicándose
en la construcción del conocimiento. Es decir, si pretendemos que realmente
se produzca un aprendizaje, es fundamental utilizar una metodología activa y
participativa en la que el alumno sea protagonista en la medida en que construye
su conocimiento atribuyendo sentido y significado a los contenidos de la enseñanza.
Esta actitud de responsabilidad del alumno sobre su propio aprendizaje va a
depender en gran manera de su motivación para aprender significativamente, pero
también de la intervención del profesor en orden a despertar dicha motivación,
siendo las estrategias de enseñanza que este emplea el vehículo para propiciarla.
En este sentido, estimamos que una metodología investigativa (Merchán y García,
1994) puede ser la más adecuada tanto para interesar al alumno en su proceso
de aprendizaje como para lograr aprendizajes realmente significativos. En relación
con la didáctica del patrimonio, la secuencia básica de actividades giraría
en torno al planteamiento de problemáticas sobre la organización económica,
política, social o cultural, en las que podríamos contrastar el presente con
el pasado utilizando como recurso los elementos patrimoniales. De este modo,
al menos durante la Educación Primaria y la ESO, se trabajaría el cambio social
y las permanencias comparando la vivienda, la ciudad, las profesiones, tradiciones
y costumbres, la tecnología, el arte, o la explotación de los recursos naturales
y las actividades realizadas para su mantenimiento y conservación, de sociedades
del presente con las del pasado, describiendo y analizando tales elementos de
la realidad social a través de preguntas del tipo: ¿cómo se hace? ¿cómo se hacía en el siglo XVIII?
¿qué ha cambiado?, ¿cómo es? ¿cómo era hace 100 años? ¿qué diferencias observas?.
Interrogantes semejantes a los aquí formulados, u otros de mayor o menor complejidad
en función de las concepciones y desarrollo cognitivo del alumnado, podrían
articular un proceso de investigación escolar en el que los elementos patrimoniales
se utilizasen como fuente de información concreta y tangible para la comprensión
de procesos y hechos de cierta complejidad y abstracción.
Por último, para llevar a
cabo una propuesta didáctica de estas características contamos con recursos
insuficientes, bien porque todavía son escasas las experiencias y materiales
didácticos publicados que utilizan el patrimonio en la enseñanza de las Ciencias
Sociales, bien por el enfoque o perspectiva que adoptan. Por ello, estamos empeñados
tanto en la investigación de los obstáculos que dificultan el tratamiento didáctico
del patrimonio, como en el diseño, experimentación y evaluación de materiales
curriculares. Todo ello, con la finalidad de informar y formar al profesorado
en el diseño y desarrollo de propuestas didácticas fundamentadas y coherentes
para la utilización del patrimonio cultural en la enseñanza de las Ciencias
Sociales.
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